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10 jun 2011

Ella quería ser paloma

Ella quería se paloma y volar, viajar por donde quisiera, posarse en los más altos edificios y observar el mundo desde otro punto de vista.

Veía a la gente botar basura, a las madres halar a sus hijos fuertemente para que sus pequeños pies caminaran más rápido de lo que podían, veía a los pobres sentados en las calles pidiendo ayuda y también veía cómo los demás pasaban, casi pisándolos, sin prestarles atención, y ahí ella quería ser paloma, y volar lejos de este mundo cada vez más triste para solo ver árboles moverse lentamente al ritmo del viento, ver animales ayudando a los de su misma especie, ver a los peces nadar en aguas cristalinas, de esas que ya casi no se ven a menos que seas paloma.

Y volvió a su realidad, descubrió que nació mujer y jamás podría ser paloma, así que hizo un pacto con las que si eran palomas y con ella misma, cambiar el mundo que ellas veían, decidió dar ejemplo y no botar basura a las calles, amar a los más pequeños y no maltratarlos, ayudar al prójimo y dejar de ignorarlos. Así, poco a poco, los que estaba a su alrededor se comenzaron a comportar como ella, contagiando al mundo de su nueva actitud y permitiendo que las palomas no solo desearan ir lejos para ver cosas buenas…y ahora con un mundo mejor, ella volvió a querer ser paloma, pero esta vez no para huir, sino para ver las maravillas del mundo que la rodeaba, ese mundo bueno que ella a diario creaba.


16 abr 2010

Sueños muertos

Parada en la puerta de su casa veía cómo las personas pasaban apresuradas hacia sus lugares de trabajo sin fijarse en ella. A veces se sentía tan insignificante, tan invisible para el mundo. Decidió dejar a un lado esos sentimientos desagradables que la invadían desde aquél día y se entró. Todo era igual siempre, los muebles en el mismo lugar desde hace tantos años, las mismas fotografías de un pasado que jamás podría volver ni siquiera a recrear, el ambiente triste y melancólico de lo que fue y no pudo seguir siendo. Desde ese día todo su entorno había cambiado, su familia le sentía lástima, aunque no lo dijeran, ella lo notaba, esa mirada no podía significar otra cosa. Se sentía tan mal cada día, quería que todo hubiera sido distinto, pero el destino no se lo permitió y ahora tenía que luchar con esa realidad así no quisiera, así no tuviera la fuerza necesaria para hacerlo, así supiera que no valía la pena.

Decidió comenzar a arreglar ese que llamaba hogar, lavó los platos sucios, recogió la ropa de la secadora, la dobló y la guardó, tendió la cama, barrió el piso y limpió el polvo de los muebles. Todo le costó mucho trabajo, ahora recordaba cuando hacer todas esas actividades era sencillo, pero tenía que olvidarse de aquellos días, no iban a volver. Eso le habían dicho los médicos, tendría que estar atada a esa silla de ruedas el resto de su vida, una vida que en el fondo esperaba que no fuera tan larga, aunque sabía que posiblemente sería todo lo contrario pues ella solo contaba con 24 años. Tenía tantos sueños y ese borracho que manejaba irresponsablemente esa noche y que la atropelló terminó con todos; ¿para qué soñar si sabía que no podía cumplir ninguna meta? No tenía motivaciones, no quería salir de su casa, sabía que estar en silla de ruedas no era un total impedimento, pero ver su cara desfigurada en el espejo cada mañana le recordaba las miradas de lástima de su familia, con eso tenía, no soportaría esa misma mirada en un extraño, y por eso decidió que el resto de su vida transcurriría en el encierro de su casa, una casa lejos de los borrachos irresponsables que solo saben matar los sueños de los demás.

10 ene 2010

Un amor sin florecer

Cada mañana, muy temprano al amanecer, caminaba por la playa que se encontraba cerca a su casa; la arena era limpia y se metía entre los dedos de sus pies generándole un cosquilleo que le encantaba. Miraba el tranquilo mar y lo recordaba a él, ese hombre que un día llegó a su vida, la enamoró profundamente, le rompió el corazón y la abandonó sin decir nada más.

Ella sabía que él la amaba, que estaban hechos el uno para el otro, que el amor que sentían iba a durar para siempre; pero también comprendía que eran iguales, que no podía encontrar a alguien más parecido a ella y por lo tanto, sabía que su relación no tendría futuro. Alguien le dijo que los polos opuestos se atraían, y ellos no podían ser más parecidos.

Cada mañana sentía un dolor en el corazón, era algo que no podía explicar, nunca había sentido algo así; no podía decirle a nadie que lo sentía, que sabía cuándo él estaba mal, pero muy dentro de ella, sabía que a él le pasaba igual. Eran almas gemelas, no podía ser de otra manera.

Ella sabía que él no iba a volver y decidió continuar con su vida, sabía que jamás iba a ser tan feliz como lo fue mientras estuvieron juntos, pero también tenía claro que su corazón no podía soportar un dolor más que viniera de él. Él también siguió adelante, decidió cumplir los sueños de los demás, así decidió que sería su vida; igual que ella, no sabía hacia dónde ir, así que se dejaban llevar por la marea.

Ambos soñaban con el otro cada noche, ella veía el rostro de él en cada persona que pasaba en la calle y él, cuando se sentía mal, sentía la energía de ella impulsándolo a seguir adelante. Cada decisión que tomaban, la hacían pensando en el otro, así jamás estuvieran juntos.

Esta es simplemente la historia de un amor imposible, el amor más grande que se pueda conocer, un amor que superará las barreras de la muerte, pero que las circunstancias de la vida no dejaron florecer.

22 nov 2009

Amor destinado a perdurar

Escribía en un cuaderno viejo sus pensamientos, escribía todo lo que veía, todo lo que sentía, cuando las personas le preguntaban sobre sus escritos, cambiaba el tema y se hacía el loco. Tenía miedo a las burlas, a descubrir su corazón frente a los demás.

Luego, solo en su casa cantaba las mas hermosas letras, pero solo lo escuchaba su gato, su única compañía, su siempre confidente. Él era el único al que le leería lo que tanto escribía…¿lo entendería?

Su día transcurría entre papeles de oficina, teléfonos incansables y órdenes de su jefe, su almuerzo con los compañeros no era del todo relajante, y al terminar el día volvía a casa con su gato; no era una persona solitaria, pero al único que podía hablarle de todo era a él.

Algún día encontró a una hermosa mujer, esa que siempre había soñado, aquella que lo haría suspirar día y noche. Desde que la conoció escribió los poemas más hermosos y cantó las más bellas canciones de amor. Fué feliz, se sintió el hombre más afortunado del planeta y se esmeró por darle a ella lo mejor.

Un día ella salió a trabajar y no volvió, él estaba enloqueciendo, ya no quería cantar o escribir, dejó su propio trabajo y se dedicó a buscarla en cada rincón; un día lejano la encontró, ella no recordaba nada y alguien le contó que había sufrido un accidente y que había perdido la memoria. Él se aferó a ella con todo su corazón y se dio a la tarea de recordarle su pasado, de hacerla revivir cada risa, cada mirada, cada detalle que los enamoró.

Ella poco a poco fue recordando, pero no tenían afán porque en el fondo de su corazón sabían que se amaban y así, entre recuerdos y nuevas vivencias, revivió un amor destinado a perdurar.

Fin.

11 nov 2009

Historia de un imposible amor

Se columpiaba fuertemente, mientras sentía el viento acariciando su largo y hermoso pelo rojo, cada vez llegaba más alto, y en su mente solo se repetía una y otra vez su canción favorita; esa que cantaron juntos muchas veces.

Miraba hacia arriba y veía el frondoso y viejo árbol que sostenía su columpio; veía el inmenso cielo azul en donde vagaban las nubes con las que juntos jugaban a inventar formas. Cerró los ojos y no podía parar de recordarlo, cada palabra, cada consejo, cada mirada…iba a enloquecer.

Le habían dicho que tenía que olvidarlo, que seguir pensando en él le hacía daño, pero cómo podía lograrlo si soñaba con él, cerraba los ojos y lo veía, y cada cosa que la rodeaba se lo recordaba. Era tan fácil para los demás aconsejarla, pero por qué no le decían ¿cómo podría olvidarlo? Sería tan fácil si existiera una pócima mágica, de esas que aparecen en los cuentos de hadas, para ayudarla a olvidar.

Sus pensamientos hacia él volvían una y otra vez a su mente; si, lo amaba, pero ambos sabían que jamás podrían estar juntos; eran tan parecidos y a la vez tan diferentes…nada podían hacer.

Un día cualquiera él decidió alejarse y ella no supo cómo detenerlo; ella sabía que su amor era muy grande, pero también tenía claro que si lo volvía a retener a su lado su felicidad no iba a durar mucho, ellos juntos no funcionaban.

No había nada que hacer, este era un amor infructuoso, sabía que con el tiempo lo olvidaría, que en el futuro lo recordaría con cariño, pero, ¿por qué el reloj no avanzaba más rápido? Quería dejar de pensarlo, de amarlo.

Mientras se columpiaba bajo su árbol favorito, mientras el viento jugaba con su pelo rojo, siguió recordando cada maravilloso instante junto a él. Algún día lo olvidaría, pero hoy, no era ese día.

Fin.




 
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