24 jun. 2011

De cómo vió al hada del jardín

Un cuento de la vida real

Su tía comenzó hablándole de seres elementales, de hadas, duendes, elfos y demás, a ella el tema le llamó la atención.

Después sus cosas se empezaron a perder y de pronto aparecían en el lugar menos esperado, ahí su abuelita le dijo que a las niñas bonitas las perseguían los duendes y parecía que ella ya tenía el propio, su interés por estos seres aumentó cada vez más.

Y a pesar de “tener su propio duende” las que más le gustaban eran las hadas; eran pequeñas, pero no necesitaban ser grandes para llamar la atención, su belleza era tan impresionante que todos las querían, así jamás las hubieran visto.

Buscó hechizos para llamarlas, probó varios y ninguno funcionó y un día cualquiera, mientras colgaba la ropa en las cuerdas del jardín para que se secaran bajo el hermoso sol que había, vió algo brillar sobre el rosal, rápidamente observó algo alargado con alas diminutas, pero que la cautivó, la niña pestañeó y el ser desapareció. Nunca lo volvió a ver, pero en su corazón supo que era un hada.

Y desde ese día supo que si existían, que estaban cerca a ella y jamás dejó de creer en ellas.


10 jun. 2011

Ella quería ser paloma

Ella quería se paloma y volar, viajar por donde quisiera, posarse en los más altos edificios y observar el mundo desde otro punto de vista.

Veía a la gente botar basura, a las madres halar a sus hijos fuertemente para que sus pequeños pies caminaran más rápido de lo que podían, veía a los pobres sentados en las calles pidiendo ayuda y también veía cómo los demás pasaban, casi pisándolos, sin prestarles atención, y ahí ella quería ser paloma, y volar lejos de este mundo cada vez más triste para solo ver árboles moverse lentamente al ritmo del viento, ver animales ayudando a los de su misma especie, ver a los peces nadar en aguas cristalinas, de esas que ya casi no se ven a menos que seas paloma.

Y volvió a su realidad, descubrió que nació mujer y jamás podría ser paloma, así que hizo un pacto con las que si eran palomas y con ella misma, cambiar el mundo que ellas veían, decidió dar ejemplo y no botar basura a las calles, amar a los más pequeños y no maltratarlos, ayudar al prójimo y dejar de ignorarlos. Así, poco a poco, los que estaba a su alrededor se comenzaron a comportar como ella, contagiando al mundo de su nueva actitud y permitiendo que las palomas no solo desearan ir lejos para ver cosas buenas…y ahora con un mundo mejor, ella volvió a querer ser paloma, pero esta vez no para huir, sino para ver las maravillas del mundo que la rodeaba, ese mundo bueno que ella a diario creaba.


 
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